Sabado 21 de Octubre de 2017 . SdE. República Argentina.

Peteco Carabajal
Aldeas

Aquí, allá y en todas partes

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Aquí, allá y en todas partes

La trayectoria de Peteco es circular: parte del patio de tierra, atraviesa la exploración de ritmos y géneros -muchos de ellos de inspiración urbana- y siempre vuelve al origen, quizá siguiendo aquel verso de Pablo Trullenque de Entre a mi pago sin golpear, que musicalizó su padre Carlos Carabajal: Estaba donde nací lo que buscaba por ahí. En Aldeas Peteco combina sus chacareras místicas y sociales, silvestres y rítmicamente cuadradas con cinco covers de obras de autores populares inapelables: Spinetta (Los libros de la buena memoria), Serrat (Mediterráneo), Blades (Sebastián), Silvio Rodríguez (Oh melancolía) y Yupanqui (Milonga del peón de campo). Esa capacidad para integrar universos -"aldeas"- es una virtud cimentada desde que asomó en los '80 con el estigma de ser la gran promesa del folclore argentino. La curiosidad funciona como motor de la carrera de Peteco: el modo genuino con que encara cada búsqueda lo salva de cualquier tropiezo. Si bien hay distancias entre el abordaje de Los libros de la buena memoria, todo un aprendizaje, en relación con la seguridad con que encara por ejemplo la milonga de Atahualpa Yupanqui, la voz rústica de Peteco y su vibrato característico tienen la sinceridad suficiente como para ninguna aventura suene forzada. Es, en todo caso, indagación, bienvenido riesgo artístico. Al frente de un cuarteto cadenero que completan Daniel Patanchón (guitarras), Martín Ulrich (bajo) y Demi (batería), la voz y el violín de Peteco se hacen fuertes en las chacareras. A la manera de El embrujo de mi tierra, Aldeas -el tema- es una declaración de amor hacia su infancia pobre en La Banda, pero con una salvedad: el pintoresquismo y la nostalgia no se imponen románticamente a la realidad, sino todo lo contrario: Como un signo de estos tiempos / convive con la violencia / aquella buena costumbre / de dejar la puerta abierta. El tono social se reparte en un disco en el que, además, tributa a su padre Carlos, tiene las participaciones de Ricardo Mollo y Diego Arnedo y musicaliza letras de Teresa Parodi y Homero Manzi. Aunque liberando cada vez más su personalísima capacidad de intérprete, Peteco vuelve a mostrar un trazo preciso, sensible y al mismo tiempo indómito para pintar su aldea. Ahí nació todo, ahí está todo, parece decir Peteco, antes de disolverse en la música y la poesía sin tiempo, nombre, ni lugar.

EL DISCO

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Aquí, allá y en todas partes

La trayectoria de Peteco es circular: parte del patio de tierra, atraviesa la exploración de ritmos y géneros -muchos de ellos de inspiración urbana- y siempre vuelve al origen, quizá siguiendo aquel verso de Pablo Trullenque de Entre a mi pago sin golpear, que musicalizó su padre Carlos Carabajal: Estaba donde nací lo que buscaba por ahí. En Aldeas Peteco combina sus chacareras místicas y sociales, silvestres y rítmicamente cuadradas con cinco covers de obras de autores populares inapelables: Spinetta (Los libros de la buena memoria), Serrat (Mediterráneo), Blades (Sebastián), Silvio Rodríguez (Oh melancolía) y Yupanqui (Milonga del peón de campo). Esa capacidad para integrar universos -"aldeas"- es una virtud cimentada desde que asomó en los '80 con el estigma de ser la gran promesa del folclore argentino. La curiosidad funciona como motor de la carrera de Peteco: el modo genuino con que encara cada búsqueda lo salva de cualquier tropiezo. Si bien hay distancias entre el abordaje de Los libros de la buena memoria, todo un aprendizaje, en relación con la seguridad con que encara por ejemplo la milonga de Atahualpa Yupanqui, la voz rústica de Peteco y su vibrato característico tienen la sinceridad suficiente como para ninguna aventura suene forzada. Es, en todo caso, indagación, bienvenido riesgo artístico. Al frente de un cuarteto cadenero que completan Daniel Patanchón (guitarras), Martín Ulrich (bajo) y Demi (batería), la voz y el violín de Peteco se hacen fuertes en las chacareras. A la manera de El embrujo de mi tierra, Aldeas -el tema- es una declaración de amor hacia su infancia pobre en La Banda, pero con una salvedad: el pintoresquismo y la nostalgia no se imponen románticamente a la realidad, sino todo lo contrario: Como un signo de estos tiempos / convive con la violencia / aquella buena costumbre / de dejar la puerta abierta. El tono social se reparte en un disco en el que, además, tributa a su padre Carlos, tiene las participaciones de Ricardo Mollo y Diego Arnedo y musicaliza letras de Teresa Parodi y Homero Manzi. Aunque liberando cada vez más su personalísima capacidad de intérprete, Peteco vuelve a mostrar un trazo preciso, sensible y al mismo tiempo indómito para pintar su aldea. Ahí nació todo, ahí está todo, parece decir Peteco, antes de disolverse en la música y la poesía sin tiempo, nombre, ni lugar.


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