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Buenos Aires

A 50 años del Golpe: la música folclórica que la dictadura no pudo silenciar

Lunes 23 de Marzo del 2026

A 50 aos del último Golpe Cívico Militar, te acercamos este informe especial sobre impacto en la música popular, que fue refugio, denuncia y memoria.

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Se cumplen 50 años del inicio de la etapa más oscura de la historia argentina. Cinco décadas desde aquel 24 de marzo de 1976, cuando el autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” intentó, mediante el terror y la censura, reconfigurar la identidad de un pueblo.

Entre 1976 y 1983, la dictadura no solo persiguió personas: también buscó disciplinar la cultura. La música —y en particular el folclore de fuerte contenido social— fue uno de los blancos principales.

A 50 años del último Golpe cívico militar en el país, desde Terraviva, te acercamos este informe especial para recordar y reconocer que, en aquellos años, la música fue mucho más que expresión artística: fue refugio, denuncia y memoria.

Artistas como Horacio Guarany, Mercedes Sosa y Atahualpa Yupanqui fueron incluidos en listas negras. Canciones enteras quedaron prohibidas por considerarse “subversivas”, mientras sus intérpretes sufrían persecución, censura, destrucción de discos y, en muchos casos, el exilio.

Si el rock comenzaba a consolidarse como el lenguaje de la juventud urbana —especialmente tras la Guerra de Malvinas en 1982, cuando la dictadura prohibió la música en inglés—, el folclore representaba la voz de la raíz profunda. Por eso, fue uno de los géneros más castigados.


Mercedes Sosa: la voz silenciada que volvió

Mercedes Sosa, “La Negra”, se convirtió en el símbolo más potente de la dignidad artística. Su compromiso con el movimiento del Nuevo Cancionero la puso bajo vigilancia desde el inicio del régimen.

En 1979, durante un recital en el Almacén San José de La Plata, la policía irrumpió y detuvo tanto a la artista como a gran parte del público. El episodio marcó un punto de quiebre: poco después, Sosa partió al exilio.

Desde Europa, su voz se transformó en emblema internacional de los derechos humanos. Su regreso en 1982, con una serie de conciertos en el Teatro Ópera, quedó grabado en la memoria colectiva. Allí, su interpretación de “Como la cigarra” —de María Elena Walsh— trascendió lo artístico para convertirse en símbolo de un país que, pese al intento de aniquilamiento, seguía en pie.


Horacio Guarany: cantar en la clandestinidad

Otro de los pilares del folclore comprometido fue Horacio Guarany. Su cercanía con las causas populares lo convirtió en un blanco directo primero de la Triple A y luego de la dictadura militar.

Sufrió atentados, censura total de su obra y el exilio. Sin embargo, sus canciones —como “Si se calla el cantor”— sobrevivieron en la clandestinidad, reproducidas en cassettes que circulaban de mano en mano. Su voz representaba esa Argentina profunda que el régimen intentó borrar del mapa cultural.

El tango también fue intervenido. Tradicionalmente ligado a los sectores populares y al peronismo, el género atravesó un proceso de “esterilización” cultural.

La dictadura intentó apropiarse de su estética para proyectar una imagen conservadora de la identidad nacional. Se prohibieron términos del lunfardo por considerarlos “vulgares” y se vigiló cualquier contenido que insinuara conflicto social.


El Atelier Cultural vigilado

El Licenciado en Artes Ángel Emilio Garay contó a Terraviva cómo, en el Atelier Cultural de La Banda (Santiago del Estero), la persecución cultural durante la dictadura se tradujo en vigilancia constante, amenazas y miedo, aunque no logró apagar del todo la necesidad de expresión. En ese contexto, destacó la aparición de espacios de resistencia como “Mi Teatro” y el Atelier Cultural, donde el arte seguía circulando pese al control.

“La necesidad de encontrarnos y de comunicarnos fue más fuerte que los conculcados derechos de reunión y expresión”, recordó. Sin embargo, esa actividad estaba bajo la mirada de los servicios de inteligencia: “Siempre supimos que el Atelier fue vigilado desde el momento mismo de su creación”, señaló, al relatar presencias permanentes en las funciones e incluso un allanamiento bajo el falso pretexto de una bomba. Ese clima generó temor en la comunidad, provocando que muchos dejaran de asistir a los encuentros culturales en la ciudad santiagueña de La Banda.


Te voy a contar un sueño…

El impacto de aquellos años también resonó en el cancionero popular posterior. En Santiago del Estero, Jacinto Piedra dejó testimonio en “Te voy a contar un sueño”, donde evocó el clima de opresión:

“Tranquen las puertas que afuera gritan,

las aves grises buscando llevarse un alma…”

La metáfora retrata con crudeza la presencia militar en las calles y el miedo que atravesaba en la vida cotidiana de Santiago del Estero.

Recordar, a 50 años, es reconocer que el folclore fue el archivo emocional de un país silenciado. Nuestro folclore es y sigue siendo esa memoria que no pudieron borrar y seguirá latiendo en el corazón de su pueblo.


Fuentes utilizadas: Inamu, Ámbito, Jacinto Piedra y la memoria colectiva (grupo de Facebook). Archivo gráfico de Omar "Sapo" Estanciero.

Foto de portada: Buenos Aires en el recuerdo (Cuenta en X).