Manu Estrada: “La homogeneización que vivimos es artificial, simplemente excluye identidades”

El cantautor jujeño presentó “Ciudadano del Amor”, un EP dedicado a la obra de Silvio Rodríguez. En una entrevista con Terraviva reflexionó sobre la identidad cultural, el individualismo, la política y el papel de la canción popular en la actualidad.
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El cantautor jujeño Manu Estrada presentó “Ciudadano del Amor”, un EP ya disponible en todas las plataformas digitales que reúne versiones de canciones de Silvio Rodríguez, uno de los referentes fundamentales de la canción latinoamericana.
Realizado junto al guitarrista Matías Donetto, el trabajo propone una lectura sudamericana —y por momentos andina— de la obra del trovador cubano, abordando no sólo su faceta de cantautor comprometido políticamente, sino también la del poeta que transitó temas como el amor, la libertad, la reflexión existencial y las búsquedas estéticas.
En diálogo con Terraviva, Estrada reflexionó sobre la vigencia de la obra de Silvio Rodríguez, la identidad cultural, el individualismo contemporáneo y el papel de la música popular en el actual contexto político y social.
“Ciudadano del Amor” recupera la obra de Silvio Rodríguez, un artista asociado a la canción comprometida. ¿Qué aspectos de su pensamiento y de su obra sentís que dialogan hoy con la realidad argentina y latinoamericana?
—Más que un diálogo vigente entre la obra de Silvio y la realidad del país, percibo una necesidad del mensaje. Creo que ver la vida de manera política es necesario para la construcción de un país y Silvio es uno de los grandes maestros en eso. Logra sintetizar la vida política que a todos nos atraviesa y, a su vez, habitar el sueño del poeta: el amor, la libertad, a veces la crítica y otras veces la quimera. Todas esas dimensiones que hacen de Silvio un artista del pueblo son las que creo importantes poner en vigencia, sobre todo transgeneracionalmente.
En varias oportunidades hablaste de la identidad cultural como un eje central de tu música. ¿Cómo se construye esa identidad en tiempos de globalización y consumos culturales cada vez más homogéneos?
—No quisiera estar preso de mis palabras, honestamente. Aunque es cierto que creo que la identidad de los pueblos es necesaria para el desarrollo. Esto que digo, por consecuencia, trae diversidad y la diversidad siempre enriquece. No hay muchos espacios para tener esa conversación. Lo que hoy se promueve como industria cultural no es más que el uso de algunos elementos superficiales de nuestra cultura, encima exotizados, en beneficio de la industria y del dinero, obviamente. La homogeneización que vivimos es artificial. Simplemente excluye identidades, formas de ver y vincularse con los territorios propios y con el mundo. Sigo creyendo que uno de nuestros trabajos como músicos populares es defender la identidad y, en lo posible, cultivarla.
¿Existe hoy una disputa entre esa tradición cultural y ciertos discursos que promueven una mirada más individualista de la sociedad?
—Creo que el hecho de que existan personas con más dinero acumulado que un país habla de que el individualismo está entre nosotros como política de los poderosos desde hace mucho tiempo. No creo que sea algo exclusivo de este momento. Aun así, claro que produce una tensión inmensa con nuestra forma de ser, que es profundamente latinoamericana y contiene elementos como el encuentro, la comunidad y el vínculo estrecho con la naturaleza. Todo esto entra en cortocircuito. Es una lucha que se está dando. Yo estoy del lado que resiste a ese mensaje del individualismo para la realización personal. Creo que es mentira y que nos lo dicen para manipularnos. Ni siquiera los poderosos son así: trabajan de manera corporativa, que es una forma de necesitar al otro, incluso para hacer el mal. Creo que solamente nos lo imponen porque es más fácil dominarnos si estamos solos.
El gobierno de Milei ha generado fuertes debates en el ámbito cultural. ¿La música y la canción popular pueden convertirse en espacios de resistencia, encuentro y defensa de determinadas identidades y valores colectivos?
—Pienso que la música es una parte de la cultura y que la cultura no es un ámbito, ni mucho menos el resultado de las tareas de un gobierno. Creo que la cultura es un hecho, un entramado que vamos tejiendo con cada gesto y cada forma de vincularnos, en este caso con nuestro país. La resistencia reside en lo que podamos hacer para que ese tejido se fortalezca. Me niego a delegarle la construcción de la cultura al gobierno de Milei. Creo que es nuestro deber, en este momento, tomar la posta y resistir desde el hacer.







